miércoles, 13 de febrero de 2008

SÓFOCLES

SÓFOCLES


Ocupación: Filósofo, poeta trágico de la Antigua Grecia. Autor de obras como Antígona o Edipo Rey.
Nacimiento: 496 adC. en Atenas (Grecia)
Fallecimiento: 406 adC.

Biografía: Hijo de un rico armero llamado Sófilo, a los dieciséis años fue elegido director del coro de muchachos para celebrar la victoria de Salamina. En el 468 adC. se dio a conocer como autor trágico al vencer a Esquilo en el concurso teatral que se celebraba anualmente en Atenas durante las fiestas Dionisias, cuyo dominador en los años precedentes había sido Esquilo.Comenzó así una carrera literaria sin parangón: Sófocles llegó a escribir hasta 123 tragedias para los festivales, en los que se adjudicó, se estima, 24 victorias, frente a las 13 que había logrado Esquilo.
Se convirtió en una figura importante en Atenas, y su larga vida coincidió con el momento de máximo esplendor de la ciudad.Amigo de Herodoto y Pericles, no mostró demasiado interés por la política, pese a lo cual fue elegido dos veces estratego y participó en la expedición ateniense contra Samos (440 adC), acontecimiento que recoge Plutarco en sus Vidas paralelas.Su muerte coincidió con la guerra con Esparta que habría de significar el principio del fin del dominio ateniense, y se dice que el ejército atacante concertó una tregua para que se pudieran celebrar debidamente sus funerales.De su enorme producción, sin embargo, se conservan en la actualidad, aparte de algunos fragmentos, tan sólo siete tragedias completas: Antígona, Edipo Rey, Áyax, Las Traquinias, Filoctetes, Edipo en Colono y Electra.
A Sófocles se deben la introducción de un tercer actor en la escena, lo que daba mayor juego al diálogo, y el hecho de dotar de complejidad psicológica al héroe de la obra. En Antígona opone dos leyes: la de la ciudad y la de la sangre; Antígona quiere dar sepultura a su hermano muerto, que se había levantado contra la ciudad, ante la oposición del tirano (esa es la palabra griega pero es equivalente a rey, nunca despectivamente) Creonte, quien al negarle sepultura pretende dar ejemplo a la ciudad. La tensión del enfrentamiento mantiene en todo momento la complejidad y el equilibrio, y el destino trágico se abate sobre los dos, pues también a ambos corresponde la «hybris», pecado de soberbia (orgullo excesivo).Edipo Rey es la más célebre de sus tragedias, y así Aristóteles la consideraba en su Poética como la más representativa y perfecta de las tragedias griegas, aquella en que el mecanismo catártico final alcanza su mejor clímax.
También es una inmejorable muestra de la llamada ironía trágica, por la que las expresiones de los protagonistas adquieren un sentido distinto del que ellos pretenden; así sucede con Edipo, empeñado en hallar al culpable de su desgracia y la de su ciudad, y abocado a descubrir que este culpable es él mismo, por haber transgredido, otra vez, la ley de la naturaleza y de la sangre al matar a su padre y yacer con su madre, aun a su pesar.El enfrentamiento entre la ley humana y la ley natural es central en la obra de Sófocles, de la que probablemente sea cierto decir que representa la más equilibrada formulación de los conflictos culturales de fondo a los que daba salida la tragedia griega.Temáticamente, el teatro de Sófocles recurre al antiguo mito de las sagas heroicas, tal como reflejo de la tradicional vinculación entre el teatro y sus orígenes religiosos. De hecho, del total de 32 tragedias conservadas pertenecientes al siglo V adC, nada menos que 24 se centran en cuatro grandes sagas de personajes mitológicos (la Troyana, la de Tebas, la de Micenas y la del argivo Heracles). Parece que en estas sagas mitológicas se concentran de manera simbólica, mediante traslaciones metafóricas más o menos conscientes, los principales arquetipos del comportamiento humano. Es probable que en época de Sófocles los núcleos míticos tradicionales ya hubieran alcanzado un grado notable de complejidad: por ejemplo, en la saga de Edipo pueden estar superpuestos o entrelazados diversos elementos míticos: el niño que es expuesto en el monte (trasunto metafórico de la criatura de origen divino); el éxito y la ruina de Edipo (traslación del ciclo del crecimiento y muerte de la naturaleza); o el conflicto entre Edipo y Layo, que no sería el tema del «conflicto de generaciones».
En cualquier caso se puede llegar a pensar que los antiguos dramaturgos, sobre todo en el caso de Sófocles, se percataron de que los mitos poseían una fuerza especial que los hacía singularmente aptos para darles un tratamiento poético y dramático.De otro lado, el mito posee una rica versatilidad que facilita múltiples maneras de aproximación. De hecho, el propio Sófocles le da un tratamiento personal y a veces libre. Un ejemplo de ello es la comparación entre el Filoctetes de su obra homónima y el otro Filoctetes de la Pequeña Ilíada, además de otros personajes como el papel que otorga a Crisótemis de su tragedia Electra, a Ismene en su Antígona o al propio Neoptólemo en su Filoctetes.
Otros aspecto importante es el que se refiere al papel de los oráculos y la presencia de los dioses en sus dramas. Así en Ayante, aunque propiamente no existe un oráculo, el divino Calcante vaticina que el héroe es juguete de la ira y de la burla divina.En general, se puede observar que el papel de los oráculos representa en Sófocles, más que una fuerza que se sobreponga a la figura del héroe, un poder que requiere y necesita el propio carácter y personalidad del protagonista, es decir, según Guzmán Guerra, que "el oráculo no induce al personaje a actuar, sino que es la propia compulsión del héroe a la acción la que da pleno sentido a la ejecución del oráculo emanado de la divinidad". Respecto a la credibilidad que Sófocles otorga a los oráculos se puede decir que es muy probable que, como tantas personas religiosas de su época, le diera credibilidad, aunque lo verdaderamente importante es que la presencia de oráculos en sus obras obedece a razones literarias y dramáticas. No falta la crítica a los oráculos en los oráculos sofocleos. Así, tres veces habla Edipo en Edipo Rey contra la validez de los oráculos.
FRASES SÓFOCLES

- Siempre se repite la misma historia: cada individuo no piensa más que en sí mismo.
- Al hombre perverso se le conoce en un sólo día; para conocer al hombre justo hace falta más tiempo.
- El que prescinde de un amigo es como el que prescinde de su vida.
- Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres.
- La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.
- Me preguntas si debes o no casarte; pues, de cualquier cosa que hagas te arrepentirás.
- Quien no haya sufrido lo que yo, que no me de consejos
- La alegría más grande es la inesperada.
- La verdad puede más que la razón.
- Para quien tiene miedo, todo son ruidos.
- Noble cosa es, aún para un anciano, el aprender.
- Los que en realidad aman la vida son aquellos que están envejeciendo.
- Los cielos nunca ayudan al hombre que no quiere actuar.
- Cásate; si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no, te volverás filósofo, lo que siempre es útil para un hombre.
- El que es bueno en la familia es también un buen ciudadano.
- Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.
- No se puede juzgar la vida de un hombre hasta que la muerte le ha puesto término.
- Una palabra es suficiente para hacer o deshacer la fortuna de un hombre.
- El saber es la parte más considerable de la felicidad.
- Es terrible hablar bien cuando se está errado.
- Constante y perpetua riqueza es la virtud.
- Acostada en medio de la desdicha, el alma ve mucho.
- Muchas cosas hay portentosas, pero ninguna como el hombre. Tiene recursos para todo; sólo la muerte no ha conseguido evitar.

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