SAN FRANCISCO DE ASÍS Ocupación: Religioso, católico. Canonizado Santo en 1928.
Nacionalidad: Italiana. Período: 1182-1226
Nacimiento: en 1182, Asís (Italia).
Fallecimiento: el 3 de octubre de 1226 en Asís, Italia ( años)
Biografía: Sus padres son Pietro Bernardone y Madonna Pica, tuvo al menos un hermano más, de nombre Angelo. Su padre era un rico comerciante de paños que formaba parte de la burguesía de Asís y que viajaba constantemente a Francia a las ferias locales. Su afición a esta tierra por la cual su padre le nombró después como Francesco o el francesito, también es probable que el pequeño fuera conocido después de este modo por su afición a la lengua francesa y los cantos de los trovadores.
Francisco recibió una educación regular de la época en la que aprendió latín. De joven se caracterizó por su vida despreocupada: no tenía reparos en hacer gastos cuando andaba en compañía de sus amigos en sus correrías periódicas y en dar pródigas limosnas; como cualquier hijo de un potentado tenía ambiciones de ser exitoso.
Francisco de Asís fue un santo italiano, fundador de la Orden Franciscana y de una segunda orden conocida como Hermanas Clarisas, ambas surgidas bajo la autoridad de la Iglesia Católica en la Edad Media, al contrario de otras hermandades —como los cátaros— que fueron consideradas herejes. De ser hijo de un rico comerciante de la ciudad en su juventud, pasó a vivir bajo la más estricta pobreza y observancia del Evangelio. En Egipto, intentó infructuosamente la conversión de musulmanes al cristianismo.
Su vida religiosa fue austera y simple, por lo que animaba a sus seguidores a hacerlo de igual manera. Tal forma de vivir no fue aceptada por algunos de los nuevos miembros de la orden mientras ésta crecía; aún así, Francisco no fue reticente a una reorganización. Es el primer caso conocido en la historia de estigmatizaciones visibles y externas. Fue canonizado por la Iglesia Católica en 1228, por el Papa Gregorio IX celebrándose su festividad el 4 de octubre. Es conocido también como el poverello ('pobrecillo').
El comienzo de las Cruzadas, el incremento demográfico y la afluencia del oro, entre otros influyeron en el incremento del comercio y el desarrollo de las ciudades. La economía tenía su base fundamental en el campo dominado por el modo de producción feudal, pero los excedentes de su producción se canalizaban con mayor dinamismo que en la Alta Edad Media. Aunque todavía no se estaba produciendo una clara transición del feudalismo al capitalismo y los estamentos privilegiados (nobleza y clero) seguían siendo los dominantes, como lo fueron hasta la Edad Contemporánea, los burgueses (artesanos, mercaderes, profesionales liberales y hombres de negocios) comenzaban a tener posibilidades de ascenso social.
La Iglesia, protagonista de ese tiempo, también se vio influenciada: no eran pocas las críticas a algunos de sus ministros que se preocupaban más por el crecimiento patrimonial y sus relaciones políticas de conveniencia.
Debido a ello, diversos movimientos religiosos surgieron en rechazo al estado de la iglesia en esa época o se dedicaron a vivir más de acuerdo a los postulados de una vida pobre y evangélica. Algunos de ellos crecieron afuera de la institución y vivieron a su manera; éstas fueron rechazadas hasta el punto de considerarlas herejes. Los Cátaros, por ejemplo, predicaban entre otras cosas el rechazo a los sacramentos, las imágenes y la cruz. Otras organizaciones como la creada por Francisco de Asís, por el contrario, nacieron bajo sumisión a la autoridad católica.
En sus años juveniles la ciudad ya estaba envuelta en conflictos para reclamar su autonomía del Sacro Imperio. En 1197 lograron quitarse la autoridad germánica, pero desde 1201 se enfrascaron en otra guerra contra Perugia, apoyada por los nobles desterrados de Asís. En la batalla de Ponte San Giovanni, en noviembre de 1202 Francisco fue hecho prisionero y estuvo cautivo por lo menos un año.
Desde 1198 el pontificado se hallaba en conflicto con el Imperio, y Francisco formó parte de la armada papal bajo las órdenes de Gualterio de Brienne contra los germanos.
De acuerdo a los relatos fue en un viaje a Apulia (1205) cuando marchaba a pelear, cuando durante la noche escuchó una voz que le recomendaba regresar a Asís. Así lo hizo y regresó ante la sorpresa de quienes lo vieron, siempre jovial pero envuelto ahora en meditaciones solitarias.
Empezó a mostrar una conducta de desapego a lo terrenal. Un día en que se mostró en un estado de quietud y paz sus amigos le preguntaron si estaba pensando en casarse, a lo que él respondió: Están en lo correcto, pienso en casarme, y la mujer con la que pienso comprometerme es tan noble, tan rica, tan buena, que ninguno de ustedes vio otra igual. Hasta ese momento todavía ni siquiera él sabía exactamente el camino a tomar de ahí en adelante, fue después de reflexiones y oraciones que supo que la dama a quien se refería era la pobreza.
El punto culminante de su transformación se dió cuando convivió con los leprosos a quienes tiempo antes le parecía extremadamente amargo verlos. Se dedicó después a la reconstrucción de la capilla de San Damiano. Según los relatos lo hizo después de haber visto al crucifijo de esta iglesia decirle: Francisco, ve repara mi casa, que esta cayendo en ruinas. Entonces decidió vender el caballo y mercancías de su padre en Foligno, regresó a San Damiano con lo ganado y se lo ofreció al sacerdote, pero este lo rehusó.
Su padre, al darse cuenta de la conducta de su hijo, fue molesto en su búsqueda, pero Francisco estaba escondido y no lo halló. Un mes después fue él mismo el que decidió encarar a su padre. En el camino a su casa, fue mal recibido por la gente que lo encontró, y creyéndolo un lunático, le lanzaron piedras y lodo.
Su padre le reprendió severamente, tanto que le encadenó y lo encerró en un calabozo. Al ausentarse aquel por los negocios, la madre le libró de las cadenas. Cuando regresó, fue ella quien recibió sus reprimendas y fue otra vez en búsqueda del muchacho en San Damiano, pero Francisco se plantó con calma y le reafirmó que enfrentaría cualquier cosa por amor a Cristo. Pietro, más preocupado por lo perdido en su patrimonio, acudió a las autoridades civiles a forzarle a presentarse, pero el joven rehusó hacerlo con el argumento de no pertenecer ya a la jurisdicción civil, por lo que las autoridades dejaron el caso en manos de la iglesia.
Se sometió al llamado de la autoridad eclesial. Ante el requerimiento de devolver el dinero frente a su padre y al obispo de Asís, de nombre Guido, no sólo lo hizo, sino que se quitó los atuendos ante los jueces, proclamando a Dios desde ese momento como su verdadero Padre. Ante esto el obispo le abrazó y le envolvió con su manto.
No se sabe con certeza cuantas iglesias reconstruyó; entre ellas a la que más estima tenía era la capilla de la Porciúncula. Allí fue donde recibió la revelación definitiva de su misión, probablemente el 24 de febrero de 1208, cuando escuchó estas palabras del evangelio: No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos... (Lc., 10). Así, cambió su afán de reconstruir las iglesias por la vida austera y la prédica del evangelio. Después de someterse a las burlas de quienes le veían, ahora su mensaje se estaba escuchado con atención, y al contrario de otros grupos reformadores de la época, el suyo no era un mensaje de ataques ni anatemas.
En unos meses sus discípulos eran once, Bernardo de Quintavalle, Pedro Catani, Gil, Morico, Bárbaro, Sabatino, Bernardo Vigilante, Juan de San Constanzo, Angelo Tancredo, Felipe y Giovanni de la Capella.
Bajo la pobreza demandada por Francisco, los frailes hacían sus labores diarias atendiendo leprosos, empleándose para monasterios, casas particulares y trabajando para granjeros. Pero las necesidades cotidianas hacían la colecta de limosna inevitable, lo cual alentaba a hacerlo con alegría por haber elegido el camino de la pobreza. Comenzó también la expansión del mensaje evangélico, y para ello los organizó a viajar de dos en dos.
Hacia abril o mayo de 1209, Francisco se decidió a presentarse ante el Papa Inocencio III para que éste le aprobara la primera regla de la orden. Para lo cual él y sus acompañantes emprendieron el viaje.
Fue bajo la intervención del obispo Guido de Asís que pudo tener audiencia con el Papa. Éste y otros cardenales objetaban el programa por el peligro de crear otra nueva organización debido a los movimientos anticlericales de la época y a la falta de organización de la orden; pero bajo la influencia del cardenal Juan de San Pablo y su apoyo pudo tener una nueva audiencia para considerar su aprobación.
Dentro del ánimo de la época de los viajes hacia el Este, hizo un intento de ir a Siria para la expansión del evangelio en la tierra de los llamados «infieles». Esto sucedió probablemente a finales del año 1212 y nuevamente dos años más tarde, pero ambos se frustraron.
Antes de 1215 el número de frailes se había incrementado, no sólo en Italia sino al sur de Francia y España. Viajaban de dos en dos y convivían con la gente; además, establecían ermitas en las afueras de las ciudades.
Durante el Concilio de Letrán de 1215, la organización adquirió un fuerte estatus legal; en ese año se decretó que toda nueva orden debía adoptar la Regla de San Benito o la de San Agustín. Para los Frailes Menores no hubo necesidad de esto por haber sido aceptados seis años antes (aunque de palabra y no oficialmente). En este concilio el Papa Inocencio III tomó la letra Tau como símbolo de conversión y señal de la cruz; de ahí en adelante el poverello fue devoto de este símbolo.
En 1219 se embarcó hacia el oriente, pasando por Chipre, San Juan de Acre y Damieta en el delt del Nilo, donde los cruzados estaban bajo la orden del duque Leopoldo VI de Austria. Allí, Francisco les previno que había sido alertado por Dios a no realizar ningún ataque, ante sus palabras los soldados se burlaron de él. El resultado de la batalla fue un desastre para los cruzados. Continuó su estadía y el aprecio hacia su persona crecía, incluso algunos caballeros abandonaron las armas para convertirse en frailes menores.
Tomó como misión la conversión de los musulmanes. Para ello se acompañó del hermano Illuminato para adentrarse en esas tierras; al encontrarse con los primeros soldados sarracenos fue golpeado, pero inmediatamente pidió ser llevado ante el Sultán, siendo éste al-Malik al-Kamil.
Según las crónicas de Buenaventura el poverello, en su afán de convertirle al cristianismo, invitó a los ministros religiosos musulmanes a adentrarse con él en una fogata para así demostrar que religión era la verdadera, estos rehuyeron ante la propuesta. Francisco ofreció entrar solo y retó al Sultán a que si salía ileso se convertiría al cristianismo e incitaría a su pueblo a hacerlo; éste, al contrario, rehusó a la posibilidad de hacerlo. Al final sus pretensiones se frustraron. Tiempo después obtuvo del sultán al-Mu'azzam de Damasco, hermano de al-Malik, permiso para visitar Siria y Tierra Santa.
Ante el incremento de las vocaciones y el peligro de inclusión de gente de dudosa vocación espiritual, nació la llamada tercera orden para permitir a hombres y mujeres laicas vivir en una vida religiosa. Obtuvo su estatus legal en 1221 con la ayuda del cardenal Hugolino. Es en posteriores escritos que se rescata su contenido, porque el original se perdió. Consistía de trece capítulos en los que se regulaba la santificación personal de los terciarios, su vida social y organización de la fraternidad.
Probablemente el 14 de septiembre de 1224, oró para recibir dos gracias antes de morir: Sentir la pasión de Jesús, y el amor que lo impulsó al sacrificio. Después de intensas oraciones —según relato de San Buenaventura — el mismo Nazareno se le presentó y le imprimió las señales de la crucifixión; posteriormente enseñó las heridas a sus hermanos, heridas que no desaparecieron hasta su deceso.
Retornó a Porciúncula acompañado sólo por Leo; en su camino hubo muestras de veneración al estigmatizado, aparentemente su acompañante hacía saber a todos acerca del prodigio. Mientras, su salud —que desde mucho tiempo antes nunca fue sana del todo— empeoraba: El sangramiento de sus heridas le hacía sufrir constantemente. En el verano de 1225 pasó un tiempo en San Damiano bajo el cuidado de sus allegados.
Fue durante esta temporada que compuso el Cántico del Hermano Sol, la cual hizo también cantar a sus compañeros. Se encaminó a Rieti bajo entusiasmo popular por tocarlo o tomar algún pedazo de prenda de sus vestidos, y se instaló en el palacio del obispo. Después se hospedó en Fonte Colombo, donde fue sometido a tratamiento médico, que incluyó cauterizar con un hierro ardiente la zona desde la oreja hasta la altura de la ceja de uno de sus ojos; según los relatos, Francisco no sintió dolor al «platicar» con el fuego para que no le dañase. Otro intento para ser tratado por renombrados médicos fue hecho en Siena, sin dar resultado.
Deseó ir a Porciúncula a pasar sus últimos días. Arribó a Asís y fue llevado al palacio del obispo y resguardado por hombres armados, puesto que la localidad estaba en situación bélica. En su lecho escribió su Testamento. En sus últimos momentos entonó nuevamente su Cántico al Hermano Sol —al que agregó un nuevo verso dedicado a la hermana Muerte— junto a Angelo y Leo.
De acuerdo a su último deseo fue encaminado a Porciúncula donde se estableció en una cabaña cercana a la capilla, murió el 3 de octubre de 1226. El día siguiente el cortejo fúnebre se encaminó hacia San Damiano y después a San Giorgio donde fue enterrado. Fue canonizado el 16 de julio de 1228. Sus restos se encuentran en la Basílica de San Francisco en Asís
Clara de Asís, tuvo como modelo de su conversión a Francisco y lo siguió siendo después. Este inició con ella el surgimiento de las hermanas clarisas o segunda orden Franciscana. Francisco puso confianza en sus consejos.
Jacoba de Settesoli. De ascendencia noble romana, abrazó la vida religiosa al quedar viuda. De carácter viril y enérgico; al igual que Clara, fue muy apreciada por Francisco.
Masseo de Marignano. Dedicado a la guardia de las instalaciones.
Angelo Tarlati. Un militar que dejó las armas para entrar a la orden.
Junípero. Llamado por Clara el Juglar de Dios; de personalidad jovial, divertida y pintoresca.
Bernardo de Quintavalle. De los primeros seguidores de Francisco. Murió entre 1240 y 1246.
Gil. Uno de los mas devotos seguidores de la práctica franciscana; realizó viajes a Roma, Compostela y Tierra Santa. Murió en 1262.
Rufino. Primo de Clara de Asís, de ascendencia noble. De carácter tímido y temeroso de hablar en público; junto a Leo y Angelo, protagonista de la Leyenda de los tres Hermanos.
Leo. Muy cercano a la vida del poverello como su confesor y secretario. Testigo de los momentos previos de los estigmas.
La oración ocupó un lugar central en la vida de Francisco; para ello buscaba la vida eremítica, el silencio y soledad interior. Reforzaba sus plegarias postrándose, ayunando, e incluso, gesticulando.
Al no ser sacerdote, en vez de dar doctrina, practicaba una predicación exhortativa, esto es, incitar a la conversión y a vivir una vida evangélica; la mejor manera de ejemplificar esto fue con su estilo de vida aliada a la pobreza. Su manera de predicar era por medio de laudas, o alabanzas, con el objetivo de llamar la atención a los hombres a honrar al Ser Supremo.
Según Tomás Celano:
Cuando, estando en público, se sentía de pronto afectado por visitas del Señor, para no estar ni entonces fuera de la celda hacía de su manto una celdilla… Siempre encontraba la manera de ocultarse a la mirada de los presentes…hasta el punto de orar entre muchos sin que lo advirtieran en la estrechez de la nave.
FRASES SAN FRANCISCO DE ASÍS
- Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible.
- Si existen hombres que excluyen a cualquiera de las criaturas de Dios del amparo de la compasión y la misericordia, existirán hombres que tratarán a sus hermanos de la misma manera.
- La ley de Cristo, que se cumple en el amor, nos obliga a procurar la salvación de las almas más que la del cuerpo.
- Lo que es el hombre delante de Dios, eso es, y no más. San Francisco de Asís
- Ya no necesito más: conozco a Cristo pobre y crucificado.
- Un solo rayo de sol es suficiente para borrar millones de sombras.
- Muriendo es como se nace a la vida eterna.

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