miércoles, 13 de febrero de 2008

PERICLES


Ocupación: Político y orador ateniense.
Período: 495 adC.- 429 adC.


Biografía: Pericles () (en gr. Περικλης, “rodeado de gloria”), importante e influyente en los momentos de la edad de oro de la ciudad (en concreto, entre las guerras Médicas y las de Peloponeso). Descendía por línea materna de la familia de los Alcmeónidas. Fue el principal estratega de Grecia. Gran dirigente, un hombre honesto y virtuoso. Llamado el Olímpico, por su imponente voz, aunque algunos autores afirman que este sobrenombre le vino de un bulto que al parecer tenía en la parte superior de la cabeza, accidente de su parto, que se asemejaba al famoso monte.

Pericles tuvo tanta influencia en la sociedad ateniense que Tucídides, un historiador coetáneo, lo denominó como “el primer ciudadano de Atenas”. Pericles convirtió a la Confederación de Delos en el Imperio ateniense, y dirigió a sus compatriotas durante los primeros dos años de la Guerra del Peloponeso. El periodo en el que Pericles gobernó Atenas a veces es conocido como el “Siglo de Pericles”, aunque ese periodo a veces puede abarcar fechas tan recientes como de las Guerras Médicas o tan tardías como el siglo siguiente.
Pericles promocionó las artes y la literatura. Por esta razón Atenas tiene la reputación de haber sido el centro educacional y cultural de la Antigua Grecia. Comenzó un ambicioso proyecto que llevó a la construcción de la mayoría de las estructuras supervivientes en la Acrópolis de Atenas, incluyendo el Partenón, así como de otros monumentos como los Propileos. Su programa embelleció la ciudad y sirvió para exhibir su gloria, a la vez que dio empleo a muchos ciudadanos. Además, Pericles defendió hasta tal punto la democracia griega que algunos de sus críticos le consideran populista.

Rival de Cimón en 459 adC y jefe del partido democrático. Después de la muerte de Cimón, condenó a Tucídides (el político, no el historiador) al ostracismo. Fundó en sólidas bases la potencia naval y colonial de Atenas, sometió la isla de Eubea en 446 adC, la de Samos en 440 adC e hizo tomar parte a Atenas en la Guerra del Peloponeso.
Discípulo de Anaxágoras de Clazómenes y de Zenón de Elea, fue amigo de Fidias y atrajo a Atenas al arquitecto Hipodamo de Mileto, al filósofo Protágoras, y al historiador Heródoto. En su época brillaron Sófocles y Eurípides, máximas figuras del teatro griego y destacó el círculo de Aspasia.


Pericles nació alrededor del 495 adC, en la demarcación de Cholargos, justo al norte de Atenas. Era hijo del político Jantipo, quien, si bien había sido condenado al ostracismo durante los años 485 ó 484 adC, volvió a Atenas para dirigir el contingente ateniense en la victoria griega de la Batalla de Micala sólo cinco años después. La madre de Pericles, Agarista, era parte de la poderosa familia de los Alcmeónidas, y sus conexiones familiares jugaron un rol crucial en el comienzo de la carrera política de Jantipo. Agariste era la bisnieta del tirano de Sición, Clístenes, y la sobrina del reformista ateniense Clístenes, otro alcmeónida.

Según Heródoto y Plutarco, Agarista soñó, algunas noches antes del nacimiento de Pericles, que ella daba a luz a un león. Una interpretación a esta anécdota es que el león es el símbolo tradicional de la grandeza, aunque la historia también puede estar haciendo alusión al tamaño inusual del cráneo de Pericles, que se convirtió en el objetivo habitual de los comediantes contemporáneos, llegando a recibir el apelativo de "cabeza de pera". Si bien Plutarco asegura que esta deformación era el motivo por el que Pericles siempre era representado con casco, este no era exactamente el motivo, sino que el casco era el símbolo de su rango oficial como estratego (general).


La nobleza de su familia y su nivel económico le permitió perseguir su inclinación hacia los estudios. Aprendió música de los maestros de su tiempo (Damón o Pitocleides podrían haber sido sus profesores)[ y se considera que fue el primer político en atribuir una gran importancia a la filosofía. Disfrutó de la compañía de los filósofos Protágoras, Zenón de Elea y Anaxágoras. Anaxágoras particularmente llegó a convertirse en un buen amigo y le influenció enormemente. La forma de pensar de Pericles, así como el carisma que tenía en su retórica podrían haber sido en parte una consecuencia del énfasis filosófico en la calma emocional al enfrentarse a los problemas, y del escepticismo sobre el fenómeno divino. Su calma y autocontrol proverbial también se contemplan como parte de la influencia de Anaxágoras.

Pericles llevó a cabo sus primeras expediciones militares durante la Primera Guerra del Peloponeso, que fue provocada en parte por la alianza ateniense con Megara y Argos, y subsiguiente reacción de Esparta. En el año 454 adC atacó Sición y Acarnania. Luego intentó sin éxito tomar Oeniadea, en el golfo de Corinto, antes de regresar a Atenas. En 451 adC, Cimón se dice que volvió del exilio y que negoció una tregua de cinco años con Esparta tras una propuesta de Pericles, lo cual indica un cambio en la estrategia política de Pericles. Pericles pudo haberse dado cuenta de la importancia de la contribución de Cimón durante los conflictos contra los peloponesos y los persas.

Plutarco subraya que Cimón consiguió un acuerdo para compartir el poder con sus oponentes, según el cual Pericles se encargaría de los asuntos internos y Cimón sería el líder del ejército de Atenas que se encontraba en campaña. Si realmente fue así, este acuerdo habría supuesto una concesión por parte de Pericles en el hecho de que no era un gran estratega. Kagan opina que Cimón se adaptó a las nuevas condiciones y llevó a cabo un matrimonio político entre los liberales de Pericles y los conservadores.

A mediados de la década de 450 adC los atenienses lanzaron un ataque fallido para ayudar a la revuelta egipcia contra Persia, que llevó a un prolongado asedio de una fortaleza persa situada en el delta del Nilo. La campaña culminó con un desastre a gran escala: las fuerzas de asedio fueron derrotadas y destruidas. En 451-450 adC los atenienses mandaron tropas a Chipre. Cimón derrotó a los persas en la Batalla de Salamina, pero murió de enfermedad en el año 449 adC. Se dice que Pericles comenzó ambas expediciones en Egipto y Chipre, aunque algunos investigadores, como por ejemplo Karl Julius Beloch, argumentan que el envío de una flota de tal magnitud está más de acuerdo con el espíritu de la política de Cimón.

Durante la Segunda Guerra Sagrada Pericles dirigió a la armada ateniense contra Delfos y reinstauró a Fócida en sus derechos soberanos sobre el oráculo. En 447 adC. Pericles se involucró en la campaña por la cual se le admira más, la expulsión de los bárbaros de la península travia de Gallípolli, con el fin de establecer colonos atenienses en la región. Para entonces, sin embargo, Atenas se encontraba seriamente amenazada por una serie de revueltas entre sus aliados (o, para ser más exactos, sus subordinados). En 447 adC los oligarcas de Tebas conspiraron contra la facción democrática. Los atenienses demandaron su rendición inmediata pero, tras la Batalla de Coronea de ese año, Pericles se vio obligado a admitir la pérdida de Beocia con el fin de recuperar a los prisioneros atenienses tomados en esa batalla. Con Beocia en manos hostiles, Fócida y Lócrida eran incontrolables y poco a poco fueron cayendo en manos de los oligarcas enemigos. En 446 adC se produjo un levantamiento aún más peligroso: Eubea y Megara se levantaron en armas. Pericles cruzó hasta Eubea con sus tropas, pero fue obligado a volver cuando un ejército espartano invadió Ática.

En el año 444 adC la facción democrática y la conservadora se enfrentaron en una nueva y feroz lucha. El nuevo y ambicioso líder conservador, Tucídides (no hay que confundirlo con el historiador del mismo nombre), acusó a Pericles de derrochar el dinero público, criticando la forma en que Pericles utilizaba el dinero en el plan de construcción que se estaba llevando a cabo. Tucídides consiguió en un principio poner a la Ekklesia de su parte, pero cuando Pericles tomo la palabra eclipsó completamente a los conservadores. Pericles respondió proponiendo, si era necesario, rembolsar a la ciudad todos los gastos con su propiedad privada, bajo la condición de que haría las inscripciones y dedicatorias a su propio nombre. Su propuesta fue acogida con un gran aplauso y Tucídides se encontró con una derrota inesperada. En el año 442 adC, los atenienses condenaron a Tucídides al ostracismo durante 10 años, y Pericles volvió a convertirse en el líder político sin rival de Atenas.

Pericles quería estabilizar el dominio de Atenas sobre su alianza y con ello reforzar su preeminencia en Grecia. El proceso a través del cual la Liga de Delos se transformó en el Imperio Ateniense generalmente se considera que comenzó bastante antes del tiempo de Pericles, dado que varios aliados en la liga eligieron pagar tributo a Atenas en lugar de aportar hombres para las naves de la flota. Sin embargo, esta transformación se aceleró y llegó a su conclusión mediante una serie de medidas puestas en práctica por Pericles. Los pasos finales en esa traslación hacia el imperio pudieron haber sido disparadas por la derrota ateniense en Egipto, que amenazó el dominio de la ciudad en el Egeo y llevó a la revuelta de varios aliados, como Mileto o Eritrea. Ya sea por verdadero temor por su seguridad tras la derrota en Egipto y por las revueltas, o como pretexto para ganar el control de la economía de la Liga, Atenas transfirió el tesoro de la Alianza de Delos a Atenas en los años 454 y 453 adC. Para los años 450-449 adC las revueltas en Mileto y Eritrea habían sido controladas y Atenas había restaurado su control sobre los aliados. Alrededor de 447 adC Clearchus propuso el Decreto de Moneda, que imponía el peso y medida de la moneda de plata ateniense a todos sus aliados. De acuerdo con una de las previsiones más drásticas del decreto, todos los excedentes de la operación de acuñación debía ir a un fondo especial, y todo aquel que propusiese utilizarlo de otro modo podía ser condenado a pena de muerte.

Fue del tesoro de la alianza de dónde Pericles sustrajo los fondos necesarios para llevar a cabo su ambicioso plan de construcción, centrado en la "Acrópolis de Pericles", que incluía los Propileos, el Partenón y la estatua de oro de Atenea, esculpida por Fidias, amigo de Pericles. En el año 449 adC Pericles propuso un decreto que permitía el uso de 9.000 talentos para financiar la reconstrucción masiva de los templos atenienses. Angelos Vlachos, un académico griego, apunta que la utilización del tesoro de la alianza, iniciada y ejecutada por Pericles, es una de las más grandes apropiaciones indebidas de la historia. Esta apropiación financió, sin embargo, algunas de las más maravillosas creaciones artísticas del mundo antiguo.

La Guerra contra Samos fue el último evento militar significativo antes de la Guerra del Peloponeso. Después del ostracismo de Tucídides, Pericles se encontró en una situación en la que era reelegido anualmente para el puesto de Strategos (general), único cargo que llegó a ocupar oficialmente. Sin embargo, su influencia política era tal que le convertía en el gobernante de hecho del Estado. En el año 440 adC la Isla de Samos se encontraba en guerra con Mileto por el control de Priene, una antigua ciudad de Jonia en el pie de las colinas de Mycale. Mileto estaba perdiendo la guerra, y acudió a Atenas para que les ayudasen en su conflicto con Samos. Cuando Atenas ordenó a ambas partes a detener las hostilidades y someter el caso al arbitraje de Atenas, Samos se negó. En respuesta, Pericles hizo promulgar un decreto enviando una expedición a Samos, "alegando ante su gente que, si bien había sido conminados a detener su guerra contra Mileto, no estaban cumpliendo". En una batalla naval la flota ateniense dirigida por Pericles y otros nueve generales derrotó a la fuerzas de Samos e impuso en la isla una administración de su agrado. Cuando Samos se levantó contra el gobierno ateniense, Pericles obligó a los rebeldes a rendirse tras un duro asedio de ocho meses que acabó provocando un descontento bastante importante de los marinos atenienses. Pericles entonces terminó con una revuelta en Bizancio y, cuando volvió a Atenas, pronunció un discurso fúnebre en honor a los soldados que habían muerto en la expedición.Entre los años 438 y 436 adC Pericles dirigió a la flota ateniense en el Ponto y estableció relaciones amistosas con las ciudades griegas de la región. Pericles también se centró en proyectos internos, tales como la fortificación de Atenas (construyendo la muralla interna alrededor del año 440 adC), y en la creación de nuevas colonias, como Andros, Naxos y Turios (444 adC), así como Anfípolis 437 adC - 436 adC.


Pericles y sus allegados no fueron inmunes a los ataques de las facciones rivales, puesto que la preemeniencia en la democracia ateniense no era equivalente a un mando absoluto. Justo antes de que estallara la Guerra del Peloponeso, Pericles y dos de sus socios más cercanos, Fidias y su compañera, Aspasia de Mileto, se enfrentaron a una serie de ataques personales y judiciales.
Fidias, que había estado al cargo de todos los proyectos de construcción fue acusado en primer lugar de la apropiación indebida de oro destinado a la estatua de Atenea y más tarde de ofensa moral. Esta última se basaba en que al crear la batalla de las Amazonas en el escudo de Atenea, dibujó una figura que se parecía a él mismo en la forma de un viejo hombre calvo, y también insertó a alguien que se parecía a Pericles luchando con una Amazona. Los enemigos de Pericles también encontraron un testigo (posiblemente falso) en su contra, llamado Menon.
Aspasia, que era conocida por su gran capacidad como conversadora y consejera, fue acusada de corromper a las mujeres de Atenas con el fin de satisfacer las perversiones de Pericles. Aspasia era probablemente una hetaera que llevaba un burdel, aunque esto es algo que los estudiosos modernos discuten. Estas acusaciones probablemente no fueron más que demandas sin fundamento, pero la experiencia en sí supuso un trago muy amargo para el líder ateniense. Aunque Aspasia fue absuelta gracias a uno de los escasos arranques emocionales de Pericles, su amigo Fidias murió en prisión y otro amigo suyo, Anaxágoras, fue atacado por la Ekklesia por sus creencias religiosas.
Además de estas persecuciones iniciales, la Ekklesia atacó a Pericles mismo, demandando una justificación por su ostensible derroche y mala administración de dinero público. Según relata Plutarco, Pericles estaba tan asustado por el juicio que no permitió a los atenienses hacer concesiones a los lacedemonios. Beloch también opina que Pericles trajo deliberadamente la guerra para proteger su posición política. Con ello, al comienzo de la Guerra del Peloponeso, Atenas se encontró en la difícil situación de tener que confiar su futuro a un líder cuya preeminencia se acaba de haber visto amenazada por primera vez en más de una década.

Las causas de la Guerra del Peloponeso se han debatido en profundidad, aunque gran parte de los historiadores antiguos culpan de ella a Pericles y Atenas. Plutarco parece creer que Pericles y los atenienses incitaron a la guerra, luchando por imponer sus tácticas con una cierta arrogancia y un amor por la confrontación. Tucídides también apunta la misma idea, y aunque en general se le contempla como un admirador de Pericles, el historiador en este punto ha sido criticado por su parcialidad a favor de Esparta.
Valerio Máximo cita una curiosa anécdota según la cual un triste y meditabundo Pericles recibió la visita de su sobrino Alcibíades. Éste le preguntó qué le perturbaba, a lo que Pericles contestó que, habiéndole encargado la ciudad edificar los Propíleos de la Acrópolis, había gastado tal cantidad de dinero que no sabía como rendir cuentas de su gestión. Entonces le dijo Alcibíades:
Búscate, pues, un medio de no tener que rendirlas.
Así pues, Pericles, colmado de honores pero eventualmente irresoluto, siguiendo el consejo de su joven y temerario sobrino, implicó a los atenienses en una guerra contra sus vecinos, de modo que no tuvieran ocasión de pedirle cuentas (431 adC).

Pericles estaba convencido de que la guerra con Esparta, que no podía afrontar la preeminencia ateniense, sería inevitable, e incluso hasta cierto punto bienvenida. Por ello no vaciló en enviar tropas a Kórzula a reforzar a la flota que ahí se encontraba en guerra contra Corinto. En el año 433 adC las flotas enemigas se enfrentaron en la Batalla de Síbota y un año más tarde los atenienses lucharon contra los colonos corintos en la Batalla de Potidea, lo cual contribuyó en gran medida al odio de Corintia contra Atenas. Durante ese mismo periodo, Pericles propuso el decreto de Megara, que se parecía en gran medida a un embargo económico moderno. Los mercaderes de Megara quedaban excluidos del mercado de Atenas y de utilizar los puertos de su imperio. Esta prohibición estranguló la economía de Megara y amenazó la frágil paz entre Atenas y Esparta, aliada de Megara. De acuerdo con George Cawkwell, con este decreto Pericles rompió la Paz de los Treinta Años "aunque, quizás, con la apariencia de una excusa". La justificación ateniense fue que Megara había cultivado la tierra sagrada consagrada a la diosa Deméter, y que había dado refugio a esclavos escapados, un comportamiento que los atenienses consideraban impío.
Después de consultar con sus aliados, Esparta envió una comitiva a Atenas para exigir una serie de concesiones, tales como la expulsión inmediata de la familia Alcmeónida, incluyendo a Pericles, y la derogación del decreto de Megara, amenazando con la guerra si no se atendiese a sus demandas. El obvio propósito de estas condiciones eran instigar una confrontación entre Pericles y el pueblo de Atenas. Esto acabó ocurriendo unos pocos años más tarde, pero en este caso los atenienses siguieron sin dudarlo las instrucciones de Pericles. En el primer discurso legendario que Tucídides relata, Pericles aconseja a los atenienses a no plegarse ante las demandas espartanas, puesto que ellos eran militarmente más fuertes. Pericles no estaba preparado para hacer concesiones unilaterales, creyendo que "si Atenas hacía concesiones en ese tema, entonces Esparta seguramente saldría con nuevas exigencias". Consecuentemente, Pericles pidió a los Espartanos ofrecer un quid pro quo: En intercambio por la derogación del decreto de Megara, los atenienses exigían a Esparta abandonar su práctica de la expulsión periódica de los extranjeros de su territorio (xenelasia) y reconocer la autonomía de sus ciudades aliadas, exigencia que implicaba que la hegemonía espartana tampoco era tal. Los términos fueron rechazados por los espartanos y, al no estar ninguna de las dos partes dispuestas a echarse atrás, los dos bandos se prepararon para la guerra. De acuerdo con los autores Athanasios G. Platias y Constantinos Koliopoulos, profesores de estudios estratégicos y política internacional, "en lugar de plegarse a exigencias coercitivas, Pericles eligió la guerra". Otra consideración que podría haber influenciado a Pericles era la posibilidad de que las revueltas en el imperio comenzasen a estallar en el momento en que Atenas se mostrase débil.

En el año 431 adC, cuando la paz ya se encontraba en crisis, Arquídamo II, rey de Esparta, envió una segunda delegación a Atenas exigiendo a los atenienses a plegarse a las exigencias espartanas. Esta delegación no fue admitida en Atenas, puesto que Pericles ya había hecho promulgar una resolución según la cual ninguna delegación espartana sería admitida en la ciudad si los espartanos habían iniciado las hostilidades. La armada espartana se encontraba entonces guarnecida en Corinto y, viendo esto como una acción hostil, los atenienses rechazaron admitir a sus emisarios. Tras este último intento, Arquídamo invadió Ática, pero no encontró ningún ateniense en la zona. Pericles, consciente de que la estrategia espartana sería invadir y saquear el territorio ateniense ya había organizado la evacuación de toda la población de la región dentro de las murallas de Atenas.
No existe ningún documento que recoja exactamente cómo Pericles consiguió convencer a los habitantes de Ática para que se trasladasen a las ya bastante abarrotadas áreas urbanas. Para muchos, este desplazamiento significaba abandonar sus tierras, así como sus ancestrales templos y altares, y cambiar completamente su estilo de vida. Por ello, si bien accedieron a desplazarse, muchos habitantes de las áreas rurales estaban muy descontentos con la decisión de Pericles. Pericles también aseguró a sus compatriotas que si llegaba el caso de que el enemigo no saquease sus granjas, él ofrecería sus propiedades a la ciudad. Esta promesa surgió por su preocupación en que Arquídamo, que era amigo suyo, podría atravesar el estado sin asolar las tierras, ya sea como muestra de amistad o como movimiento político calculado en busca de separar a Pericles del pueblo.
"Puesto que los héroes tienen toda la tierra para su tumba; y en tierras lejanas a la suya, en donde la columna con su epitafio lo declara, hay brillante en el pecho de los hombres un grabado no escrito sin una placa que lo preserve, excepto la del corazón."

En cualquier caso, viendo como sus granjas fueron sometidas al saqueo, los atenienses se indignaron, y pronto comenzaron a dirigir su descontento contra su líder, a quien muchos consideraban como el causante de haber traído la guerra. Sin embargo, incluso sometido a tanta presión, Pericles no cedió a su exigencia de emprender acciones inmediatas contra el enemigo o de revisar la estrategia inicial. También evitó convocar a la Ekklesia, temiendo que el pueblo pudiera decidir de forma apresurada enfrentarse a los espartanos en campo abierto. Como las reuniones de la asamblea se hacían a discreción de los presidentes de turno, los prytanies, Pericles no tenía un control formal sobre su agenda. Sin embargo, el respeto que tenían a Pericles era suficiente para persuadirles de hacer los que él quería. Mientras que el ejército espartano permanecía en Ática, Pericles envió una flota de 100 naves a saquear las costas del Peloponeso y encargó a la caballería la protección de las granjas saqueadas próximas a las murallas de la ciudad. Cuando el enemigo se retiró y finalizó el pillaje, Pericles propuso un decreto mediante el cual las autoridades de la ciudad deberían apartar 1.000 talentos y 100 naves para el caso de que Atenas fuera atacada por fuerzas navales. Según la provisión más drástica de dicho decreto, la simple proposición de un uso distinto del dinero o de las naces conllevaría la pena de muerte. Durante el otoño de ese año, Pericles dirigió las fuerzas atenienses que invadieron Megara y, unos meses más tarde (invierno de 431 - 430 adC) pronunció su monumental y emocional Discurso fúnebre, honrando a los atenienses que murieron por su ciudad.

En 430 adC, el ejército de Esparta saqueó Ática por segunda vez, pero Pericles no cedió y rechazó revisar su estrategia inicial. Pericles no deseaba un enfrentamiento con el ejército espartano en una batalla a campo abierto, por lo que volvió a dirigir una expedición naval para saquear la costa del Peloponeso, esta vez llevándose 100 naves atenienses con él. Según Plutarco, justo antes de partir las naves hubo un eclipse lunar que asustó a las tripulaciones, pero Pericles utilizó los conocimientos astronómicos que había adquirido de Anaxágoras para calmarles. En el verano de ese mismo año se desencadenó una epidemia que diezmó a los atenienses. Los detalles exactos de la enfermedad se desconocen y han sido objeto de extensos debates. En cualquier caso, la epidemia provocó un nuevo descontento general en la ciudad, y Pericles se vio obligado a defenderse en un discurso final muy emocional, del cual Tucídides nos relata una parte. A este discurso se le considera una oración monumental, que demuestra las virtudes de Pericles y, al mismo tiempo, su amargura frente a la ingratitud de sus compatriotas. Temporalmente logró con ello calmar el resentimiento popular y capear el temporal, pero sus enemigos internos salieron con una última apuesta para derrocarle: Lograron quitarle el generalato e imponerle una multa estimada de entre 15 y 50 talentos. Las fuentes antiguas mencionan a Cleón, un político naciente de la escena política ateniense durante la guerra, como fiscal en el juicio de Pericles.
En cualquier caso, en sólo un año, en 429 adC, los atenienses no sólo perdonaron a Pericles sino que le reeligieron de nuevo como Strategos. Fue reinstaurado en el mando del ejército ateniense y dirigió todas sus operaciones militares de ese año, teniendo de nuevo bajo su control a las principales instituciones atenienses. En ese año, sin embargo, Pericles fue testigo de la muerte en la epidemia de sus dos hijos legítimos nacidos de su primera esposa, Jantipo y Paralos, en el plazo de cuatro días. Con su moral bajo mínimos, rompió a llorar, y ni siquiera su compañera, Aspasia, pudo consolarle. Sin embargo, no permitió que su pesar se transluciera en su semblante, y siguió hablando ante el pueblo con su fogosa elocuencia. Su gran fortaleza de ánimo le valió el título de Olímpico.
Él mismo murió por causa de la epidemia en otoño de 429 adC, y justo antes de su muerte, sus amigos se concentraron alrededor de su cama, enumerando sus virtudes durante la paz y subrayando sus nueve trofeos militares. Pericles, aunque moribundo, les escuchó y les interrumpió, señalando que habían olvidado su mayor y más importante título para ser admirado, "que ningún ateniense vivo jamás ha tenido que llevar luto por mi culpa". Pericles vivió durante los primeros dos años y medio de la Guerra del Peloponeso y, de acuerdo a Tucídides, su muerte fue un desastre para Atenas, puesto que sus sucesores fueron inferiores a él. Prefirieron instigar los malos hábitos de la gente y siguieron una política inestable buscando la popularidad en lugar de servir a la utilidad pública. Con estos comentarios tan amargos, Tucídides no sólo lamenta la pérdida de un hombre al que admiraba, sino que anuncia el comienzo del fin de la gloria y grandeza de Atenas.

Pericles, siguiendo la costumbre ateniense, se casó en primer lugar con uno de sus familiares más cercanos, con el que tuvo dos hijos: Jantipo y Paralo. Este matrimonio, sin embargo, no era un matrimonio feliz, y en algún momento del año 445 adC Pericles se divorció de su mujer y se la ofreció a otro marido, con el acuerdo favorable de sus parientes masculinos más cercanos. El nombre de su primera esposa se desconoce; la única información de que se dispone es que era la esposa de Sipónico antes de estar casada con Pericles, y la madre de Callias, hijo de este primer matrimonio.

"Puesto que los hombres pueden aguantar oír como se elogia a otros sólo mientras que se pueden persuadir a sí mismos de su propia habilidad de igualar las acciones ensalzadas: cuando se supera este punto, la envidia aparece, y con ella la incredulidad."
La mujer a la que realmente amó fue Aspasia de Mileto. Se convirtió en la amante de Pericles y comenzaron a vivir juntos igual que si estuviesen casados. Esta relación provocó muchas reacciones e incluso el propio hijo de Pericles, Jantipo, que tenía sus propias ambiciones políticas, no dudo en utilizarla para atacar a su padre. En cualquier caso, estas críticas no doblegaron la actitud de Pericles, si bien tuvo que romper a llorar para proteger a su amada Aspasia cuando fue acusada de corromper a la sociedad de Atenas. Su gran tragedia personal fue la muerte por culpa de la epidemia de su hermana y de sus dos hijos legítimos, tragedia de la que nunca llegó a sobreponerse.

Justo antes de su muerte los atenienses permitieron un cambio en la ley de 451 adC que convertía a su hijo con Aspasia (de sangre ateniense sólo por parte de su padre), un ciudadano y un heredero legítimo, una decisión sorprendente teniendo en cuenta que fue el propio Pericles quien propuso en un principio la ley que limitaba la ciudadanía a aquellos que naciesen tanto de padre como de madre ateniense.

Pericles dejó su huella en una era e inspiró juicios de valor conflictivos sobre sus decisiones más significativas, lo cual es algo normal para una personalidad política de esta magnitud. El hecho de que fuera a la vez un importante político, general y orador hace que el objetivo de analizar sus acciones sea todavía más complejo.




FRASES PERICLES


- La felicidad está en la libertad, y la libertad en el coraje.



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